martes, 18 de agosto de 2009

El verdadero desencuentro entre San Martín y Bolívar

Por Manuel Alfieri
El General Don José de San Martín llegaba desde el sur victorioso, tras ser nombrado con un cargo que realmente no deseaba, el de Protector del Perú, pero sin embargo se encontraba abatido, cansado y hambriento. Hacía pocos años había padecido de varias enfermedades, entre ellas tuberculosis. En su cuerpo pesaban las batallas, la lucha por una libertad soñada y las carencias de un largo camino desprovisto de lujos pero no por eso vulgar. Sin embargo, y pese a todo tipo de privilegio que podía presentarse tras su andar -ya sea por simple fanatismo o grosero cholulaje revisteril-, el General siempre había mantenido la decisión de repartir las escasas provisiones entre los hombres de su ejército libertador en partes iguales. Allí, en aquella época y en algunos de aquellos hombres, la vida tenía un significado, un conjunto de principios, un fundamento más pesado que las vigas de cualquier lujoso rascacielos: no importaba morir; siempre y cuando se hubiese muerto luchando por algo.
Simón Bolívar, unos años más joven, quizás más entero pero no lejos del sacrificio realizado por San Martín, arribaba desde el norte. El encuentro fue fugaz, efímero como la felicidad o los breves efectos de algún psicotrópico. Era verano de 1822, y en una ciudad caribeña como Guayaquil era fácil dejar de lado los tedios de la lucha libertadora por un rato, sobre todo cuando por la tarde atestada de calor aparecían en escena unas hermosas pobladoras originarias a refrescar sus cuerpos en lo azul de la costa, y los primeros tragos comenzaban a endulzar las bocas de aquellos dos gigantescos hombres.

San Martín: - A la mierda, esto está fuerte, eh... ¿Qué carajo es?
Bolívar: - Un poco de ron con limón y hielo… ¡No sea marica, Don José! ¡En Cuba lo toman como si fuese leche!
S. M: - Si, me sabe a leche de esclavo, la puta que los parió. ¿Es de escabiar mucho usted, Simón?
B: - Y… después de tanto sufrimiento es bueno relajarse un poco, ¿no?... Pero, como siempre le digo a mis muchachos, no hay que joder con la bebida cuando se está en medio de una campaña.
S. M: - Eso seguro, yo tenía a un par de negros choborras en el Ejército de los Andes que los tuve que sacar a patadas en el culo. Casi lo rajo al negro Cabral, ese le daba duro, pero cebaba buenos mates y gracias a eso se quedó para después salvarme la vida… Disculpe, ¿Fuma, Simón?
B: - Oh, por favor, viene bien a esta hora. Uhh… Son buenos, ¿de donde los sacó?
S. M: - Me los regaló O`Higgins, en Chile. Los conservé para un momento como este. Usted sabe, como dije alguna vez, que podremos andar en pelotas y sin dinero, pero nunca nos faltará la carne y el tabaco. Cambiando de tema, Simón, mire lo que son las negras en el mar eh, ¡qué culos! ¡qué maravilla, Simón!
B: - Ni me lo diga, Don José, ni me lo diga…
S. M: - Usted tiene fama, eh.
B: - ¿De qué? ¡No me diga que entre los soldados se anda diciendo que soy maricón!
S. M: - No, Simón, por favor, ¡todo lo contrario!... Se dice que usted, bueno, ya sabe… cómo decirle… ¡bueno, que usted es terrible putañero!
B: - Je, je, ¡un brindis por eso!... Ah, menos mal, Don José, me había asustado… Pobre Belgrano, a ese sí que le hicieron fama de puto, y eso que se garchó a medio Virreinato del Río de La Plata…
S. M: - ¡Y fumaba como un hijo de puta! Si fue él quien quiso incentivar la producción de cáñamo, y no le dieron pelota… Claro, sabían que se la quería fumar toda. ¡Qué atorrante, eh!
B: - Don José, ¿esa negra viene para acá?
S. M: - Mierda, parece que si... Y está en pelotas. Mire qué tetas, por favor. Negras, redondas, ya me imagino mamándolas como Saavedra le chupó el culo a los españoles.
B: - Vamos, Don José, sáquelo…
S. M: - ¿Que saque qué?
B: - Usted ya sabe General, ¿o no es el “Santo de la Espada”?, je, je…
S. M: - Simón, ¿no le parece un tanto inapropiado?
B: - Mire, Don José, mi viejo me enseñó algo que nunca olvidaré. Cuando tenía 13 años me llevó a un prostíbulo de mis tierras y me dijo al oído: “ante la duda, pelar poronga”. Siempre le hice caso, y de ahí mi fama, ¿vio?...
S. M: - Shh, ahí viene, Simón, ahí viene…

Cuenta la historia que después de una ronda infinita de ron, tabaco y otras sustancias, la negra, llamada Chona, convenció a los dos generales para invitarlos a una fiesta por la noche. Allí mismo, emponzoñada por esas dos figuras enormes que eran San Martín y Bolívar, la nativa decidió llevarlos a una cueva cercana a la costa, y un jolgorio de pasión sexual y efervescente adrenalina se desató durante toda la madrugada hasta que los primeros amagues del sol se hicieron gambeta y chocaron contra las pupilas dilatadas de los tres hedonistas.
Algunos serios historiadores dicen que el desencuentro entre los dos grandes libertadores del continente se dio por diferencias políticas e ideológicas, y hasta muchos comentan que fue, en realidad, porque Bolívar negó la entrega de soldados al ejército de su tocayo. Lamento decepcionarlos, queridos amigos, pero la historia oficial cuenta con muchos profesionales del machismo que no han sabido darle a la mujer el verdadero lugar histórico que se merece. Sí, San Martín y Bolívar no volvieron a verse jamás por el amor que compartían hacia Chona.
Después de aquella noche de lujuria, los dos quedaron obnubilados ante semejante figura, y sus corazones, ennegrecidos tras duras y largas batallas, volvieron a latir al compás del ritmo del amor. Además, la siempre inseparable Remedios de Escalada se encontraba lejos y enferma. Chona, incapaz de elegir a uno de ellos y acostumbrada a despojarse de toda moralina, propuso quedarse con los dos, y así repetir eternas escenas de amor bajo el atardecer de las costas ecuatorianas.
Cuando todo parecía llegar a un acuerdo, de la mano de la mañana también llegó la sobriedad propia de la resaca. San Martín y Bolívar se miraron con infinito respeto durante unos segundos, sin siquiera balbucear una palabra. Al instante, y de forma casi imperceptible, bajaron las cabezas y cada uno comenzó a marchar hacia la dirección opuesta. Desde ese día, no se vieron nunca más. Los cerebros de los libertadores, aunque muy capaces, pecaron de occidentales.


Nota de los (i)rresponsables del Blog: el autor no goza de salud mental como para aseverar los datos expuestos en su artículo. Disculpen las molestias.

lunes, 17 de agosto de 2009

Noventa y dos años después: mucho Late y nunca un Nola

"...La industria perece por falta de mercados o de medios de comunicación, la minería está paralizada por la ausencia de todo género de garantías, la banca y el comercio han sido heridos de muerte, los campos están sin cultivo, los granos escasean, las cosechas faltan y el gobierno, que debiera buscar remedio a tanto mal, lo agrava y lo exacerba, convirtiéndose en monedero falso, en banquero fraudulento, en salteador de cajas de los particulares, en cómplice y solapador de estafadores y ladrones.

Mientras tanto, el hombre humilde, que ve subir todos los días los precios de los artículos de primera necesidad, que no tiene ahorro ni moneda metálica, a quien le falta el trabajo y a quien rechaza el comercio, el desprestigiado papel con que se les pagan sus jornales, se asoma al porvenir con desesperación y se pregunta con duda torturante, ¿qué llevará hoy a su pobre hogar, que dará de comer a sus hijos el día de mañana? ¡Y lo terrible, lo escandaloso, lo nunca visto es que todo esto es la obra de quienes se titulan gobernantes!.."



* Fragmento extraído de "Manifiesto al Pueblo Mexicano", desde el Cuartel General en Tlaltizapán, Morelos, el 20 de enero de 1917.



REFORMA, LIBERTAD, JUSTICIA Y LEY.
Emiliano Zapata

miércoles, 12 de agosto de 2009

Hombre Beta



Por Hernán Ortiz


“…Aprovechando la ausencia de Urquiza, que asistía en Santa Fe a la inauguración del Congreso Constituyente, el 11 de septiembre de 1853 estalló una revolución en Buenos Aires. El movimiento reclamaba la renuncia del gobierno y la nulidad del Acuerdo de San Nicolás, al tiempo que proclamó como gobernador al jefe del movimiento, Valentín Alsina. Pero casi simultáneamente, tropas federales que respondían a los intereses del Litoral sitiaron Buenos Aires exigiendo el cumplimiento del acuerdo.
El Congreso Constituyente finalmente pudo reunirse, sin contar con la presencia porteña. Las bases de Alberdi y el modelo de Constitución de Estados Unidos, sirvieron como puntos de partida en la redacción del texto final.
Ante la resistencia porteña, Urquiza decidió bloquear el puerto de Buenos Aires, pero cometió el error de poner al frente de la escuadra al coronel norteamericano John Halsted Coe. El Marino yanqui vendió la escuadra a Buenos Aires el 20 de julio de 1853 por 5000 onzas de oro y se terminó el bloqueo…” *


Me quité los anteojos –Pigna es un pelotudo, me dije a mí mismo- y los apoyé en la mesita de luz, junto a la base del velador. Había terminado el capítulo quince y no quería ni espiar el principio del dieciséis por miedo a caer en la tierna tentación constante de mi amante, por siempre eterna. Cerré los ojos y con mis dedos pulgar e índice apreté la parte superior de mi tabique, realizando con ellos un leve y agradable movimiento de arriba hacia abajo. Abrí los ojos y parpadee algunas veces: estaba somnoliento. Me disponía a acomodar la cabeza en la almohada mientras pensaba:

- Ya desde 1853 nos cagaban estos yanquis hijos de puta. Tomamos su modelo de Constitución, y después, ¡Je! ¡Los brasileros entran a Buenos Aires de la mano de Urquiza! ¡Entrerriano cagón, traidor y antinacionalista de mierda! Para mí que este las quería todas para él, como todos estos corruptos…

Bostecé. Me dormí. Al día siguiente luego de bañarme y desayunar, salí con la barba bien prolija, como corresponde; abalanzábame junto a mis hermanos (tan inocentes, románticos y neoliberales) en medio de esa gran marea negra de corbatas y maletines, en busca de héroes, genocidas y traidores editados en oros finos y flexibles. Para las noches dejaba entonces, los escasos momentos de alimentar aquellas deterioradas y joviales utopías adolescentes, tan expuestas como excitadas, tan longevas como acechadas por una parca peculiarmente rechoncha. Vergonzosamente, aquel proceso involutivo se me hacía cada vez más cómodo y familiar: mi vida comenzaba a estructurarse, como todas las demás. Mientras, Justo José de Urquiza, ensangrentado, continuaba buscando su pistola en el dormitorio del Palacio de San José.



* Fragmento extraído de “Biografía de Justo José de Urquiza” (1801 - 1870) de Felipe Pigna.

Mi propuesta por los pibes de Cromagnon



Por Julieta Abramovicz


Paz, amor y rock. Así me titularon en el egreso de 7° grado a la secundaria con una banda de papel crepé. La cuestión es que dicho titulo quedó en mi corazón el cual rompieron el nefasto treinta de diciembre, y seguirá así hasta no curarlo de raíz. A fines de junio y principios de julio 2009 según los psiquiatras tuve un "brote psicótico", según mi psicóloga una crisis. Ustedes compañeros llámenle como quieran, pero yo tuve una visión de paz, amor y rock, después de pasar tres días en el único parque que Ibarra no enrejó del todo: Parque Lezama.

Y ahí me encontraron súper anárquica y enojada con el mundo. De aquí mi propuesta luego de pasar por el neuropsiquiátrico Torcuato de Alvear y luego a una clínica privada "Dharma", dos semanas adentro me tuvieron y ahora estoy medicada pero volviendo a la propuesta: yo propongo hacer asamblea de arte en el anfiteatro del parque, para demostrar que no somos cromagnones y que si queremos asamblea la tenemos, y si queremos pintar pintamos, si queremos rock lo hacemos, si queremos murgas las llamamos. En definitiva (esto es cosa un poco mía por seguir el calendario maya) propongo hacer en algún lugar del parque un fuego sagrado y bien cuidado que libere a nuestros pollitos, hermanos, amigos y sobre todo hijos, junto con el arte y diversión que es lo que ellos buscan y todos nosotros buscamos, me parece.

Fiesta libre, arte y libertad de expresión sin rejas, ni puertas, ni cochinos techos de media sombra sino que fiesta y petición de unidad entre hermanos sin mas techo que el cielo de estrellas que es de los pibes y parque para festejar por siempre su liberación...Por eso repito.


Paz, amor y rock.


PD: tenemos anfiteatro, tenemos parque, corazón, sabiduría y mucho por expresar, entonces ¿Que esperamos para la verdadera demostración de paz, amor y rock?

jueves, 30 de julio de 2009

Un día

Por Monseñor Pagliaccio
No hay peor juez que tu conciencia y cada noche es un juicio final. Esa almohada que te daba paz, ahora no te para de pinchar.
Yendo, te vas yendo, de todo lo que se quiera acercar. Pedís una copita más que se quiere emborrachar tu humanidad.
Esta noche que no hay tumba para tu cuerpo, queres andar hasta tocar el cielo. La pensas, la soñas, queres una nueva mujer que te convierta en animal.
Tan vació te sentís. La sociedad te exige, te reclama que funciones, que gastes batería así te recargan todo los días, así aportas todos los días. El techo golpea tu cabeza, no te deja pensar y se te va llenando el bolso de responsabilidad.
La felicidad no aparece; es tan fácil de encontrar, que siempre la quieren complicar y hace mucho que esperas en esta calle fría, abrigado por tu disfraz, mirando su puerta, ya te cuesta respirar. En cuero arrancas a caminar, pero en la primera esquina la autoestima te mira mal. El miedo no te deja cruzar, los dedos no paran de señalar, de suerte encontras un traje donde te podes resguardar. Acomodas tu corbata y te perdes con los demás.
Caminando lento, con faso en mano, vas a juntarte con amigos para olvidar esta sociedad, para remplazar la soledad. El tiempo no la para de agitar y se va a pudrir mal, ya la va a pagar ese tic-tac.
Queres estar libre de vos mismo, encontrar la simpleza. En tus suburbios tu corazón marginado sale a robar unas cuantas caricias. Cada día que pasa un error mas aparece, te despierta, te avisa que esa baldosa no se tiene que volver a pisar, que ya demasiadas lágrimas salpicaron tus zapatillas.
Nadie sabe como y cuanto hiere a los demás. Nunca te vas a enterar todo lo que hiciste mal. Fiel a vos mismo queres ser, que el sueño sea tu abrigo otra vez, no te queres preocupar de más.
Te perdes en el ruido y el alcohol. Acompañado en este barco, vas buscando tierra nueva donde no haya tiempo, donde todo sea espontáneo y sincero, donde no exista el miedo.
No queres parar. Cuando paras, la cabeza no para de preguntar y ya no queres escuchar. No tenes respuestas, solo un corazón tartamudo y una lengua que traduce mal.
¿Cuando será el día que decida despertar?

domingo, 26 de julio de 2009

El momento

Por M. P.
Veo el humo negro sobre el agua, y mi cabeza justo a estallar, mi suerte esta en sus manos, la mía y la de muchos como yo.
No sé donde escapar, me tienen rodeado, lo ultimo de mi día lo recuerdo bebiendo junto al mar.
Lejanas utopías quedaron, lejanos sueños de conquistar por un momento la adolescencia que pensábamos.
Veía tirado en la arena una luz lejana, que me decía “vení, todo acá es mejor”. Sin dudas pensé que era lo mejor nadar como un pez, sentirme libre en el mar y llegar al infinito, a la increíble luz que me llamaba.
Un flash de una cámara me hizo volver a la realidad.
Era un amigo que decía: “mirá que lindo que es”.
Por un instante se me vino a la cabeza golpearlo por cortar con mi momento, en vez de dejarme sentir mi juventud.
Hoy ya no puedo imaginar esos viejos tiempos, hoy ya tengo responsabilidades, hoy ya crecí.
Pero hay algo que llevo bien dentro mío. Loco de pensar, pero ellos son el momento y mi amigo.

lunes, 20 de julio de 2009

La amistad, adictiva locura itinerante

Para los amigos que están y los que no en la foto.

domingo, 19 de julio de 2009

El amor occidental y privado

Por M. A.
Las cadenas del amor son tan fuertes como las de la propiedad privada. Decir “eso es mío, mío, mío y de nadie más” es igual a decir “ella es mía, mía, mía y de nadie más”. Mi amor, mi osito, mi gordo, mi gorda, mi vida... tanta ilusoria exclusividad me hace doler la cabeza, como esa fatal mezcla entre un malbec barato y un porro paraguayo en medio del anochecer, cuando los gatos pardos comienzan a cruzarse en las terrazas de los edificios. Pero, claro, calavera no chilla: algunas mezclas hacen bien.
Resacas de un cristianismo ya crucificado, etiquetas de antaño que ya nadie puede despegar, costumbres que hace tiempo quedaron en offside... Vaya a saber uno qué perverso mandato nos empuja hacia el abismo del delirium tremens que significa regalar nuestras vidas a otro, ofrendarla como un chaleco antibalas en liquidación, como un trago de cianuro disfrazado de felicidad, como un cigarrillo que se estaciona en la boca de uno pero que sin embargo va matando a todos los demás.
Y siguiendo las reglas de la perfecta sociedad occidental –por comodidad, más que por simpáticas preferencias- nos arrojamos a ese precipicio. ¡Mañana seremos grandes, tendremos hermosos niños rubios, un Mercedes en el garaje del loft de Avenida Libertador o en la puerta del chalet de Pilar, y a su lado una bella mujer que nos espere vestida de negro igual que la avasallante noche para arrancarnos la corbata y todos nuestros últimos sueños!

Ya recorrí los suburbios y las ponzoñas de la soledad. Las lágrimas y los años, en vez de afirmar ciertas cosas, me arrebataron todas las certezas. Pero llegué a una conclusión: el amor es un misterio que nadie puede explicar. Es el último de los enigmas matemáticos irresueltos, la bala de plata que no encontró a su dueño, es Edipo besando a Yocasta junto a la sangre derramada de Layo, es una y mil cosas a la vez. Arrojarse al abismo de la eternidad incondicional e inquisidora, encadenarse a un único amor de por vida, es acabar por completo con todos esos misterios. ¿Y después, qué...?

domingo, 12 de julio de 2009

09:09

Por Monseñor Pagliaccio
Se parece en algo a mí, nunca sabe bien que decir. Se asemeja en algo a mí, siempre le es difícil sentir.
Espera un milagro, que alguien se detenga, que alguien entienda y el último tren se va.
Cada día jode más la sociedad, ya no hay en que pensar, ya no hay preguntas que contestar. Todos construyen sus mundos y no les importa si le tapan el sol a los demás.
Se parece en algo a mí, tan adicto a soñar. Se asemeja en algo a mí, la noche no puede dejar.
Caminando con la boca cosida me pierdo en la ciudad, con la duda tatuada en el corazón me tiro y solo pienso en no pensar.
Se parece en algo a mí, nunca sabe bien que decir. Se asemeja en algo en mí, siempre le es difícil sentir.

miércoles, 8 de julio de 2009

Malos tiempos para la lírica

Por A. Calamaro
Ángel Cappa, auténtico caballero andante, embajador de las mejores cualidades del argentino de ley, volvió (siempre está volviendo, como Pichuco) para dirigir el Globo; un Huracán que hace más de treinta años no conocía la gloria, pero sí los pasillos del sufrimiento; después de no demasiados domingos el rumor se extendió por las veredas, los cafetines y los taxis: Huracán estaba jugando muy bien, volvía el fútbol lindo y estaba ganando partidos.Huracán se convirtió en una verdadera ilusión, más allá del ámbito balompédico, frente a los contratos millonarios del fútbol europeo, frente a la gripe pandémica, frente a las elecciones diestras, frente a los molinos de viento, este pequeño gran equipo quería revivir sus años gloriosos, aquellos primeros setenta con Menotti y su ballet; para los que lo queremos, era la reválida de la filosofía de Ángel Cappa, hombre de fútbol y de militancia, de tertulia polenta, de bigote finito; la percha y las convicciones de Ángel.


Ésta no sería Argentina con finales felices, es el mundo del revés y lo cantaba clarito María Elena; la historia también tiene lugar para los quijotes, para las penas mexicanas ahogadas en tequila, para los que nadaron el mar y se ahogaron a dos metros de la orilla, para las finales perdidas injustamente, para los tangos tristes. El fútbol no sería lo que es sin su componente lírico y humano, sin aquellos que van a mojarse en invierno; la música no sería lo que es sin su componente lírico, sin aquellos que van a mojarse en invierno; la música es de aquellos que la quieren escuchar y de nadie más, y supongo que el fútbol también.


No recuerdo una tertulia sin Cappa, Angelito le ponía letra y música a la charla, yo nunca le devolví una pelota buena en el truco; una vez se separaron los caminos, pero “no hay olvido cuando existen la amistad y el respeto”; Ángel fue a dirigir, yo me fui de viaje submarino, y después de veinte mil leguas nos estamos escribiendo para prometernos chamuyo del bueno y ningún partido de truco.