jueves, 18 de junio de 2009

Preguntontas

Por M. A.
¿Por qué en un determinado momento de la vida dejamos de ser esos niños imprudentes y desprejuiciados para convertirnos en unos nefastos adultos? ¿Por qué la llama que enciende nuestros sueños ingenuos e infantiles se apaga con el hielo de la rutina? ¿Por qué debemos abandonar el libertinaje de la infancia para encadenarnos a otro ser humano de por vida? ¿Por qué los gritos desgarradores de la niñez -esos gritos que atraviesan la garganta, condenando a los miserables, llorando las injusticias, llamando a los demás por su verdadero nombre-, se convierten en murmullos y susurros temerosos en el momento que nos consideramos adultos? ¿Por qué es tan fácil besarnos y mirarnos a los ojos, amarnos y confesarlo en nuestros años de fabulosa ingenuidad, pero nos resulta tan complicado hacerlo en la madurez? ¡Ah, cierto, el ser humano... maldito ser humano!

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